domingo, 23 de junio de 2013

LA CIUDAD IDEAL

“No se puede caer en el error de pensar en la existencia de verdades y miradas absolutas ni tampoco en las explicaciones provenientes de feudos científicos con barreras y límites infranqueables”. FRANCO LOTITO CATINO (*)
La base de toda buena convivencia en una comunidad radica en el tipo de relaciones que se generan entre los individuos, las cuales parten de las interacciones de estos con el medio en el cual viven. Bien podríamos decir que toda persona que se encuentra cómoda en su hábitat genera una energía que sin duda alguna contagió a la otra. Por otro lado si esta encuentra disconformidades en su diario vivir, pasará dicho enojo a su semejante de manera casi inmediata. Ahora, que es un ambiente como y saludable? Tomemos un simple ejemplo de una sala de estar. Si al ingresar al mismo uno tropieza con una silla fuera de su lugar o el cochecito del bebe en medio del pasillo, más aún, si el piso está sucio y con un ambiente de escasa iluminación, es muy probable que aquel individuo entre en un desanimo generalizado. Por el contrario al encontrar todo en “su lugar” es probable que hasta le den ganas de cantar bajo la ducha, su estado de ánimo irá cambiando a medida que lo que observa le genera placer, calma, paz. Esto obviamente es independiente del nivel económico-constructivo que presente cualquier local. Aparece aquí una palabra mágica, “Orden”, que muchas veces es asociada a cada individuo en particular, pero que en general solemos relacionarla con el “equilibrio”. Lao-Tsé, famoso filósofo chino, cuyas enseñanzas han trascendido al tiempo, expresaba que “una vasija puede ser muy bella, bien ornamentada, grande o pequeña, pero que su real y verdadera utilidad reside y radica en su…vacío”. Supongamos que la vasija de la cual habla Lao-Tsé en sus pensamientos fuese una ciudad, nuestra ciudad, la de cualquier habitante del planeta, y debiéramos plantearnos que tan útil en importante es para nosotros o mejor aún, si estamos cómodos y conformes con ella. Un bache, la falta de limpieza, una mala señalización y la falta de control de medidas que hacen a la convivencia urbana, son las cuestiones que van generando disconformismo en los habitantes alterando su estado de ánimo y por ende su expectativa sobre el sitio en que habita. Como hacemos desde el lugar que ocupamos en la sociedad para revertir esta situación? Sin duda alguna y más allá del lugar que cada uno ocupe, estamos obligados como habitantes a colaborar con gestos, ideas, propuestas y opiniones para que quiénes tienen la potestad de administrarla se sientan obligados a responder con sus acciones al ver que cada individuo es comprometido con su ciudad. El funcionario y más allá de toda ideología política, deben estar siempre al servicio del ciudadano. Poner en práctica los mecanismos que sean necesarios para incentivar y fortalecer la participación ciudadana a través de ONG y toda otra entidad sin fines de lucro. De tal forma cada decisión que los ediles tomen estarán respaldados por o no, por aquellos a quienes dichas medidas van destinadas. La existencia de planes reguladores, directores u otra modalidad normativa de planificación de la ciudad contribuyen sin duda a fijar parámetros de convivencias. El respeto al cumplimiento de tales medidas debe ser un requisito y una obligación moral de todo habitante. Ahora bien, que hacemos los ciudadanos? Somos responsables de los cumplimientos de las normas? Nos quejamos a conciencia? Seguramente diremos que es obligación de los funcionarios responder a todas nuestras demandas e inquietudes, y no falta a la razón. Al tirar basura a la calle, a romper una señal de tránsito, al estacionar inadecuadamente, a realizar cortes de calles, a sabiendas que molesta a un tercero, no estamos contribuyendo a que esta vasija llamada ciudad tenga un relleno digno del orgullo de todos.
Que todos los habitantes se pongan de acuerdo es tanto más difícil que lograr la felicidad plena, pero en una comunidad democrática en la que funcionen sus instituciones, las decisiones deben tomarse como una ley de alto cumplimiento. No podemos seguir mirando hacia el costado esperando que otros sean los que deciden por nosotros. La participación ciudadana es vital y necesaria para lograr el equilibrio tan buscado y por consecuencia nos irá acercando a lograr una ciudad más parecida a la ideal, a esa que tanto añoramos en la cual todo funciona, inclusive la participación del ciudadanos en la toma de decisiones sobre su presente y su futuro.
(*) Franco Lotito Catino. Profesor Adjunto Instituto de Administración, Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas, Universidad Austral de Chile. Licenciado en Psicología (U.C.). Psicólogo (U.C.). Profesor de Alemán (U.C.). Magister en Administración de Empresas (UACh). Dr. © en Ciencias Humanas (UACh).

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